No fueron los republicanos quienes terminaron divididos por el torbellino de la campaña del ahora presidente electo. Los demócratas no solo perdieron la Casa Blanca si no la mayoría de las carreras por otros escaños en el Congreso. Con la salida de Obama y el posible distanciamiento de Hillary Clinton tras su debilitada candidatura, ahora no tienen casi ningún poder legislativo, ni un líder que los represente.